Cuando Colombia y Estados Unidos anunciaron el pasado 8 de septiembre de 2026 un Memorando de Entendimiento sobre Cooperación Estratégica Civil en Materia Nuclear, la noticia pudo parecer el comienzo de una nueva relación entre ambos países en este campo. En realidad, representa algo mucho más interesante: la recuperación de una agenda de cooperación nuclear que tiene más de siete décadas de historia.
El instrumento suscrito en Barranquilla establece un marco no vinculante para promover intercambio técnico, fortalecimiento de capacidades regulatorias, investigación, formación de talento humano y el estudio de posibles aplicaciones de las tecnologías nucleares. No significa la aprobación de una central nuclear, la adquisición de un reactor ni la existencia automática de financiación para un proyecto de generación eléctrica. Para comprender realmente su importancia es necesario mirar atrás.
Una relación que comenzó con Átomos para la Paz
La cooperación nuclear entre Colombia y Estados Unidos se remonta prácticamente al nacimiento de la era nuclear civil.
En diciembre de 1953, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower presentó ante las Naciones Unidas su célebre iniciativa Atomsfor Peace, concebida para promover aplicaciones pacíficas de la ciencia nuclear y facilitar la transferencia de capacidades científicas hacia otros países.
Colombia fue uno de los países latinoamericanos que rápidamente se vinculó a aquella iniciativa. Investigaciones históricas publicadas por el Servicio Geológico Colombiano señalan que el país firmó el 5 de mayo de 1955 un tratado bilateral de cooperación técnico-científica con Estados Unidos y que, poco después, Washington ofreció a Colombia un reactor nuclear de investigación tipo piscina.
Aquella cooperación terminaría materializándose en una de las infraestructuras científicas más importantes de la historia moderna de Colombia.
El IAN-R1 alcanzó su primera criticidad el 20 de enero de 1965 y fue inaugurado durante el gobierno de Guillermo León Valencia. Más de seis décadas después continúa siendo el único reactor nuclear del país y sigue siendo utilizado para investigación, formación y aplicaciones como el análisis por activación neutrónica y la irradiación de materiales.
Por tanto, la relación nuclear entre Colombia y Estados Unidos no nació alrededor de la posibilidad contemporánea de construir centrales eléctricas. Surgió alrededor de algo mucho más amplio: formación científica, investigación, transferencia tecnológica y aplicaciones pacíficas del átomo.
De 1962 al Acuerdo de 1981
La cooperación continuó desarrollándose jurídicamente durante las décadas siguientes.
El 9 de abril de 1962, ambos gobiernos suscribieron un acuerdo relativo a los usos civiles de la energía atómica, posteriormente modificado el 24 de febrero de 1967. Los propios documentos del posterior acuerdo bilateral de 1981 reconocen expresamente aquel instrumento como antecedente directo de la cooperación nuclear entre los dos países.
Después de los cambios que atravesó el régimen internacional de no proliferación durante las décadas de 1960 y 1970, Colombia y Estados Unidos actualizaron nuevamente su relación.
El 8 de enero de 1981, en Bogotá, ambos gobiernos firmaron el Agreement for Cooperation Concerning Civil Uses of Nuclear Energy. El entonces presidente estadounidense Jimmy Carter lo remitió al Congreso bajo la Sección 123 de la Atomic Energy Act, destacando que el nuevo instrumento buscaba actualizar la cooperación pacífica y adaptarla a las nuevas obligaciones internacionales de no proliferación.
Este punto tiene una enorme importancia para entender la situación actual.
Los denominados Acuerdos 123 constituyen el marco jurídico que permite determinadas formas significativas de cooperación nuclear con Estados Unidos, especialmente transferencias de materiales, combustible, equipos y ciertos componentes o tecnologías. No son necesarios para cualquier intercambio científico o diálogo técnico, pero sí pueden convertirse en un requisito fundamental cuando la cooperación avanza hacia determinadas transferencias nucleares. Actualmente Estados Unidos mantiene este tipo de acuerdos con decenas de países y socios internacionales.
Colombia, por tanto, ya tuvo un Acuerdo 123 con Estados Unidos.
El acuerdo de 1981 entró en vigor en septiembre de 1983 y estuvo diseñado para una duración de treinta años. Finalmente expiró el 17 de septiembre de 2013.
Este antecedente cambia sustancialmente la manera en que debe interpretarse la discusión contemporánea. No estaríamos hablando necesariamente de crear por primera vez un marco de cooperación nuclear profunda entre Washington y Bogotá, sino eventualmente de reconstruir un marco jurídico que existió durante décadas y posteriormente expiró.
El IAN-R1 también cuenta otra historia de cooperación
La relación bilateral tampoco terminó con la entrega inicial del reactor.
Durante la década de 1990, Colombia participó en uno de los procesos más importantes de modernización y no proliferación relacionados con el IAN-R1.
El reactor había operado originalmente con combustible MTR de uranio altamente enriquecido. En cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica, el Departamento de Energía de Estados Unidos y la empresa estadounidense General Atomics se desarrolló el proceso que permitió sustituirlo por combustible TRIGA de bajo enriquecimiento.
El combustible gastado altamente enriquecido fue retirado y transportado en 1996 hacia Savannah River Site, en Estados Unidos, mientras que en 1997 se completó la conversión del núcleo del reactor a combustible TRIGA con aproximadamente 19,7 % de enriquecimiento.
Este episodio es especialmente relevante porque muestra otra dimensión de la cooperación nuclear colombo-estadounidense: no solamente la transferencia inicial de tecnología, sino también seguridad nuclear, modernización de instalaciones y no proliferación.
Un paréntesis jurídico
La expiración del Acuerdo 123 en 2013 tuvo consecuencias concretas.
En 2023, el Departamento de Energía de Estados Unidos revocó la autorización general aplicable a determinadas exportaciones de tecnología y asistencia nuclear hacia Colombia bajo la regulación estadounidense 10 CFR Part 810. La decisión mencionó explícitamente como uno de sus fundamentos la ausencia de un Acuerdo 123 vigente entre ambos países.
Eso no significó el fin de toda cooperación nuclear con Colombia. Sí significó que determinadas transferencias de tecnología o asistencia controladas pasarían a requerir autorizaciones específicas.
Aquí se encuentra una de las conexiones más interesantes con la agenda que se está desarrollando en 2026.
2026: las piezas comienzan a encontrarse
El año 2026 ha sido excepcional para el sector nuclear colombiano.
El 24 de febrero, Colombia y el Organismo Internacional de Energía Atómica firmaron en Cartagena un Memorando de Entendimiento de cinco años para cooperación en planificación energética, infraestructura nuclear, regulación, seguridad y pequeños reactores modulares. El instrumento contempla también intercambio técnico y evaluación de la posible incorporación futura de la nucleoelectricidad dentro de la matriz energética nacional.
Meses después llegó uno de los avances institucionales más importantes de las últimas décadas.
El 10 de julio fue sancionada la Ley 2603 de 2026, mediante la cual se estableció un nuevo marco legislativo nuclear y se autorizó la creación de la Agencia Nacional de Seguridad Nuclear —ANSN—, concebida como una entidad técnica especializada, con autonomía administrativa, técnica, financiera y presupuestal y adscrita al Departamento Nacional de Planeación.
La secuencia comenzaba entonces a ser clara: cooperación con el OIEA, fortalecimiento regulatorio nacional y construcción de nuevas alianzas internacionales. Es precisamente la lectura que realizamos desde la AsNC al analizar estos acontecimientos: febrero, OIEA; julio, Ley 2603 y ANSN; septiembre, Estados Unidos.
El siguiente movimiento llegó desde Washington.
El 7 de agosto, en el contexto del inicio de una nueva etapa de relaciones bilaterales, Estados Unidos señaló entre las áreas que pretendía impulsar con Colombia el avance de la cooperación nuclear bilateral con fines civiles y pacíficos.
Treinta y dos días después, aquella intención adquirió una forma institucional concreta.
El 8 de septiembre, durante la visita a Barranquilla del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, Colombia y Estados Unidos suscribieron dos instrumentos de cooperación relacionados con minerales estratégicos y energía nuclear civil.
El memorando nuclear abre un espacio de cooperación gradual sobre seguridad energética, investigación científica, formación de talento humano y fortalecimiento regulatorio, bajo estándares internacionales de seguridad tecnológica, seguridad física y salvaguardias.
¿Qué podría venir ahora?
Probablemente el mayor error sería interpretar el memorando como el anuncio anticipado de una central nuclear.
Todavía existe una distancia considerable entre cooperación técnica y la construcción de infraestructura nucleoeléctrica.
El memorando es precisamente eso: un mecanismo para comenzar a cerrar esa distancia.
Colombia deberá poner efectivamente en funcionamiento su nueva autoridad reguladora, formar especialistas, fortalecer universidades y centros de investigación, desarrollar estudios de demanda e infraestructura, evaluar tecnologías, construir capacidades industriales y definir una política nuclear capaz de sobrevivir a varios ciclos de gobierno.
Y existe además una pregunta bilateral inevitable.
Si la cooperación futura con Estados Unidos llegara a involucrar transferencias significativas de materiales nucleares, combustible, componentes o determinados equipos estadounidenses, tendría sentido que los dos países evaluaran la negociación de un nuevo Acuerdo 123. El memorando de 2026 no sustituye ese marco jurídico y tampoco lo hace necesario de manera automática; su pertinencia dependerá de la profundidad y naturaleza de los proyectos que ambos países decidan desarrollar.
En otras palabras, el camino no debería comenzar preguntando qué reactor comprar.
Debería comenzar preguntando qué capacidades quiere construir Colombia durante las próximas décadas.
Una historia que vuelve a abrirse
Existe cierta simetría histórica en lo que está ocurriendo.
En 1955, Colombia comenzaba a construir sus primeras capacidades nucleares mediante cooperación científica con Estados Unidos. Diez años después, ese proceso había contribuido a que el país contara con su primer reactor de investigación.
En 2026, Colombia vuelve a encontrarse frente a una oportunidad de cooperación bilateral, pero parte de una posición diferente.
El país ya dispone de experiencia operando instalaciones nucleares, capacidades científicas nacionales, aplicaciones en salud, agricultura, industria y geociencias, una relación de décadas con el OIEA y, finalmente, un marco legislativo que contempla una autoridad nuclear especializada.
La pregunta ya no es si Colombia puede participar de la ciencia y tecnología nuclear. Colombia lleva más de sesenta años haciéndolo.
La pregunta es hasta dónde quiere llevar esas capacidades.
El memorando firmado en Barranquilla no responde todavía esa pregunta. Tampoco debería hacerlo. Su importancia radica precisamente en que puede convertirse en una herramienta para comenzar a construir la respuesta.
Setenta y un años después de aquellos primeros acuerdos vinculados a Átomos para la Paz, Colombia y Estados Unidos vuelven a situar la cooperación nuclear dentro de su agenda bilateral.
Esta vez el desafío consiste en transformar esa oportunidad en formación científica, instituciones sólidas, investigación, industria, aplicaciones nucleares y, si los estudios técnicos así lo justifican, una futura infraestructura nucleoeléctrica.
Porque más que anunciar un reactor, Colombia necesita construir una política nuclear de Estado.
Línea temporal de la cooperación nuclear Colombia–Estados Unidos
| 1955 | Tratado bilateral de cooperación técnico-científica. |
| 1962 | Acuerdo relativo a usos civiles de la energía atómica. |
| 1965 | Primera criticidad del reactor de investigación IAN-R1. |
| 1981/1983 | Firma y entrada en vigor del Acuerdo 123 bilateral. |
| 1996–1997 | Retiro del combustible HEU y conversión del IAN-R1 a combustible TRIGA de bajo enriquecimiento. |
| 2013 | Expiración del Acuerdo 123. |
| 2023 | Cambio del régimen de autorizaciones estadounidenses bajo 10 CFR Part 810. |
| 2026 | MoU con OIEA + Ley 2603/ANSN + nuevo memorando nuclear Colombia–Estados Unidos. |
Fuentes y documentos consultados
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Cancillería de Colombia — Colombia profundiza cooperación con Estados Unidos en minerales estratégicos y energía nuclear (8 sep. 2026)
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Función Pública — Ley 2603 de 2026
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Ministerio de Minas y Energía — Acuerdo Colombia–OIEA (24 feb. 2026)
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U.S. Department of Energy / NNSA — 123 Agreements for Peaceful Cooperation
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United Nations Treaty Series — Agreement for Cooperation Concerning Civil Uses of Nuclear Energy, Colombia–United States (1981)
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The American Presidency Project — Jimmy Carter: Message to Congress transmitting the Colombia nuclear agreement
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Servicio Geológico Colombiano — documentación histórica y técnica del reactor IAN-R1
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IAEA — documentación técnica sobre el IAN-R1 y su conversión a combustible de bajo enriquecimiento
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Servicio Geológico Colombiano — Reactivación de la producción de radioisótopos
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Servicio Geológico Colombiano — Servicio de irradiación, Planta Gamma
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UPME — Plan Energético Nacional 2022–2052






